
Las webs de las empresas japonesas Nippon Paper y del Grupo Marubeni poseen links a programas ambientales de reducción de gases de efecto invernadero. Las dos gigantes de la celulosa anuncian públicamente que todo papel producido proviene de fuentes renovables, “lo que garantiza el secuestro de CO2 de la atmósfera”, afirma Nippon Paper en la sección “Global Warming Prevention”. Sin embargo, para los agricultores que viven en la región de Tartarugalzinho, en el estado brasileño de Amapá, los nombres de las dos compañías remiten a una antigua y conocida práctica en el tema fundiario brasileño: el grillaje.
“Compré un derecho de posesión de tierra de aproximadamente mil hectáreas, entré al órgano competente (IMAP), fue emitida una licencia de ocupación y ahora, dos años después de estar establecido en mi área, ellos aparecen con un título de tierra”, dice Silvino Balber, agricultor, propietario de la hacienda Santa Cruz. “Ellos”, en este caso, es la empresa Amcel, subsidiaria brasileña del Grupo Marubeni y Nippon Paper.
Minería vs. protección de la biodiversidad
La compañía fue creada en 1975 y siempre funcionó como subsidiaria de grandes corporaciones interesadas en la explotación forestal y en el fácil transporte proporcionado por el Puerto de Santana. Hasta 2004 la compañía pertenecía a la americana International Paper, del millonario Bill Gates, pero fue vendida a las japonesas Marubeni y Nipon Paper en 2006, luego del resultado de una Comisión Parlamentaria de Inquérito (CPI) que apuntó irregularidades en la adquisición de tierras por la subsidiaria brasileña.
Silvino y un grupo de agricultores de la región entraron con una acción en la Procuraduría Federal para cuestionar las matrículas de propiedad de Amcel. Como principales pruebas ellos poseen un laudo técnico realizado por un ingeniero legal que declara irregularidades en por lo menos tres haciendas, y también el resultado de una CPI de 2004 que investigó el grillaje de tierra promovido por Amcel.
La disputa ocurre en el municipio de Tartarugalzinho, a 230 km de Macapá. Es un lugar privilegiado, considerado la meca de la expansión agrícola brasileña. Es un área de cerrado en medio de la Amazonia, con acceso privilegiado al puerto de Santana, sea por la carretera BR 156 recién pavimentada o por una ferrovía que llega directamente al puerto. Es en este oasis económico que Amcel afirma tener derecho sobre un área de 300 mil hectáreas.
Durante el reportaje constatamos diversos casos como el de Silvino. “Ya estoy aquí hace más de siete años, tengo posesión y la escritura, ¿cómo ahora viene una empresa a decirme que es dueña de mi tierra?” afirma el empresario Ronaldo Mendes. Él y su familia tienen un área de cinco hectáreas que utilizan para restaurante y turismo. Amcel reivindica parte de la tierra de ellos. “Ellos (Amcel) están avanzando con eucalipto en todo por aquí. Esa monocultura es mala porque seca nuestras nacientes. Yo que trabajo con turismo sé cuánto eso es dañino”.
Otro que perdió las tierras fue Jorge do Socorro. Expulsado por una medida preliminar, el agricultor no tuvo más salida que firmar un acuerdo para recibir dos mil reales por mejoras que habría hecho en el lugar. Jorge dice estar arrepentido. “Ya no tengo mi harina de yuca y otros alimentos que sacaba de mi tierra”. Hoy, Jorge vive en la ciudad y se dice arrepentido, pues está seguro que las matrículas presentadas por Amcel son falsas.
Estado con la mayor área de bosque amazónico preservado en Brasil, Amapá importa cerca de 90% del alimento consumido en la región. Llegar al estado es un desafío. Hace años productores de la región brasileña de Centro Oeste reivindican mejoras en la infraestructura para poder sacar sus granos por el norte. Pese a toda esa dificultad de acceso, semanalmente barcos llenos de pasta de celulosa salen del puerto de Santana rumbo a Japón.
“El poder público de Amapá no tiene motivación para entender la cuestión fundiaria. Ellos agarran una matrícula de propiedad y emiten una orden de desalojo sin preocuparse si el documento es verdadero. No realizan estudios y lo peor y más grave: conceden licencia ambiental para operar con esos documentos”, afirma Silvino Dalbó, que también entró con una acción legal contra la empresa.
Alexandre Isernhagner es ingeniero forestal y fue contratado por los agricultores para realizar un estudio de los títulos de propiedad de Amcel. “Mi trabajo se concentró en tres tierras, Santa Cruz, São y Novo Horizonte. Lo que observamos es una flagrante irregularidad en la concesión de los títulos a la empresa”, dice Isernhagner.
El resultado del trabajo de Alexandre atesta irregularidades groseras en la documentación presentada por Amcel. “Son tres situaciones básicas. La primera es la duplicidad de matrícula de tierras que son del Estado Nacional, la segunda son los vicios de proceso, ya que algunas matrículas surgieron de posesiones que no tuvieron documentos de transferencia, y la tercera es la falta de documentos como el Formal de Partición, que no legitima la propiedad”, afirma Isernhagner. Amcel fue procurada diversas veces por email y por teléfono. Hasta el cierre de este reportaje, no se quiso manifestar.
Para saber más (en Portugués):
Processos contra a Amcel